Fuman, a la noche, ángeles blancos,
libran demonios bajo las sábanas siempre duelo
final;
si madruga el amor prematuro,
amanecen pétalos grises.
Mata el piano horas muertas
y la ciudad no sabe decir adiós a la lluvia;
alguien se ha encargado de tatuar su panfleto en
el grafiti
y un soñador pobre naufraga frente a la persiana,
hoy se ha cerrado otro comercio.
La ciudad reviste su fe de símbolos de grandeza
y los manuscritos no sueltan las manos de los
creyentes.
Puedo envolver con los mejores recortes
el hilo que de puntadas de futuro
pero los espacios se reducen a huecos privativos
de ahora.
Puntada a puntada: manufacturar del ahora.
Comparto bando como el que presta el mechero;
sin presentaciones y cada uno sigue su camino.
El anonimato es un dato con el que contamos
en el recuento de bajas que conforman los náufragos.
Solo precisamos de más manos.
Todos hemos visto cuernos alzarse por encima de
muros,
pero cada uno en su lado;
hoy seguimos sumando frentes
y los muertos siguen contados por manos anónimas
y las espaldas siempre pesan a los mismos.
Gente común exige revolución común.
Tomen la llave del desván de restos
y dejen entrar a los niños.
La puerta del mañana siempre está entornada
y hay que dejar secar lo asfaltado.
Fumadores pasivos,
no ven el amanecer,
por no saber coserse las alas.
Descansan pétalos
y el negro no deja lugar a color.