Las acciones de los
hombres se atrincheran en mi memoria
aguardando atacar los cimientos sobre los que
construyo.
Me antepongo.
No hay tierra por la que cambiar la biblia en esta
invasión.
Soy más rico que todos los invasores.
Levanto con el poso que sembraron en mi
la casa común que es esta existencia en la que
vivo cobijado en la libertad de no tener respuestas.
Y todo será cuestión de puertas abiertas si
levantamos los tabiques.
Ustedes toman los signos de interrogación de mi
discurso.
Algunos los malvenderéis
en el estraperlo de la certeza
y unos pocos dejarán junto a la tierra
el potencial de que sigan creciendo
lejos de toda apariencia recta.
Es necesario dar fruto.
Las ideas son resquicios
de la autenticidad del individuo
que elabora parches bordados para el atuendo
desgastado de una inteligencia antigua
cansada de dejarse las rodillas en el viaje
cíclico del reincidir histórico.
Cadenas.
Ellos incendian los signos de interrogación.
Yo exclamo:
¡no hay
balas suficientes para tanta nube!
Todo lo que ven será del
viento.
Encuentro calma en la
rama en la que se posan mis pájaros
y tomo nota sin bostezo para reflejar con todo
detalle la realidad que me invento.
Bajo a la tierra, con la caña de pescar de los
soñadores, ideas de una nube.
Difiero de lo que tengo y de lo que necesito.
Es desnudez.
De apariencia, vacío.
De fachada, nada.
Me antepongo a cualquier construcción.
Me antepongo a la nada.
La vida fue primero y luego vino la literatura.
Salgo a perderme un par de noches en casas de
amigos,
malduermo por un trueque de risa,
lleno la jarra en el baño
y saco cartón;
floto en el salón hasta desnudar el amanecer
y crezco hipnótico hablando de cosas que jamás
entenderé.
Ahí donde muero, naceré.
Se irán de nuevo los hombres,
con sus guerras de hombres contra hombres,
defendiendo ideas que no son de los hombres.
Forma parte de…
para luchar por…
… y lo demás…
¿qué más da?
Se irán de nuevo los hombres
y ahí quedarán la tierra y las nubes.