Me abstraigo de la influencia para pensar claro.
No preciso. No sostengo.
No me amarro al consejo, a la promesa.
El horizonte es otra cosa.
La razón más real será el sentimiento.
La necesidad es un reino animal,
el resto es construcción.
Prometo derruir la ciudad.
No doy con la latitud de mis síes.
El sentimiento más real
será un amor irrazonable.
El camuflarme
nace de la promesa de anonimato
que comparto.
Lamo cada uno de mis intentos,
llevo una garrapata al hombro,
la pillé en una casilla abandonada,
vuelvo a tirar porque me toca,
cruzo los puentes
y llego a mis callejones sin salida:
preciso conocer mis rincones.
Canto y escribo para mí.
El yo viene impreso en moneda de dos caras.
Nada de lo que ves se compra.
Las puertas no se abren a visitar: todos quieren recibir.
Las soluciones rigen por oferta y demanda.
Si me descuido, el yo
me vende al mejor postor,
si me la juego
pierdo antes de actuar,
soy una "sociópata" del silencio
que habla por mí.
Todos quieren el recibo
de esta sarta de versos escacharraos
para cambiarlos por otros.
La verdad es lo que creas que es verdad.
La verdad ni siquiera importa.
Ni siquiera precisas conocerla.
El imaginario colectivo es una superpotencia,
la opinión sobre la opinión otro misil,
somos tan reales como el espejo.
Todos piensan en invadirnos.
Lo opuesto de la verdad
es negar la mentira evidente,
hoy llueve
pero ni siquiera eso oxida los tornillos que me faltan,
lo que importa
es mantener viva la lumbre
para forjar lo ingenuo,
lo que importa
ya no le importa al estado de derecho.
¿Cortar la cabeza a Medusa
o dejar que nos coman sus serpientes?
Llega el invierno
y todos sacan sus escudos de hielo
para acercase frenéticos
a la hoguera de la obligación.
Ondean el desgaste del tiempo.
Todos envenenan la mirada.
La religión me ofrece explicaciones para todo lo importante.
La ciencia me detiene en la curiosidad;
yo me limito a escarbar.
No puedo rezar para salvar la existencia de Dios.
No me interesa hacer de los números guía espiritual.
No valoramos el arte,
pero veneramos a los creadores.
No sé si el suelo del salón ahora es de barro
o nosotros parte de la creación moldeada.
Todo es decorado y nada suma al paisaje.
Vamos que ni pintados y punto.
Pero el murmullo no basta,
me prometo esculpir con cincel los problemas,
esculpir a Proserpina raptando
al hombre
que lo es todo.
Entreabro la nuca y dejo escapar soluciones,
tu canto puede sumar a mi canto,
solo espero otra voz.