El tiempo va pasando lento pero inevitable;
como una costra que sufre vértigos
al ser separada de la carne ya muerta,
como un alfiler que tímidamente se abre paso
entre la uña y la carne,
como alguien que espera de noche en un portal
con el cigarro consumido entre los dedos
sin apenas haber dado un par de caladas.
Los nervios invadieron mis
pulmones antes que el humo.
Cualquier invierno
se apodera de mi palacio
y toda visita es ya un lujo.
Siento como se borra la
identidad de mis huellas
dáctiles a cada minuto que pasa.
Siento como nacen debajo
de la piel quemada nuevas
maneras de ser yo sin serlo del todo.
Salgo a la calle con la
insoportable sensación de haber visto esto antes
y me amoldo a la insatisfacción
de ser extranjero en cualquier patria.
Surfeo un guion prediseñado por
el anhelo
de no saber llamar hogar a la
oscuridad.
¿Qué parte de mí es realmente
mía?
No reconozco lo que son capaces
de hacer estas manos empeñadas nada más que en sostener,
esta boca que solo habla de
huida.
Para la noche soy
un ovillo
que solo espera unas manos
anónimas que jueguen conmigo.
Hoy, durante un minuto
que se me dibujo infinito
me desnudé por completo.
Hoy, me he abandonado al
microscópico espacio que
se dejan los azulejos cuando son obligados a vivir
en pareja.
Hoy mi amor es un Rolls-Royce de
segunda mano, rallado y sin calefacción
y el frío ocupa asiento en mi
vida antes que tú.
Hoy tu amor es Ford Fiesta
problemático
pero con música y cenicero.
Hoy, he recorrido el
suelo en busca de algún charco
donde ver la luna reflejada en pleno agosto.
La noche se va adentrando en mi cama,
lenta y silenciosa a la par que infranqueable.
Mis ojos son copos de
nieve y necesitan un calor
insultantemente cercano para derretirse sobre la
piel
que un día formó parte de mi cara.
Siento la tierra moviéndose debajo de mí;
es raro, pero no consigo hacer nada para alcanzar
su ritmo.
Pero yo despego,
sobrevuelo las ciudadelas de la
utopía,
escupo los sedantes que colocó
bajo mi lengua el capitalismo.
Ellos piden que
aterricemos.
Si caigo, buscaré razones en
tierra.
Siento que hoy, durante un minuto,
el movimiento de la tierra se ha detenido
y nos hemos quedado mirándonos como idiotas,
de espaldas, a varios kilómetros de distancia.
Pongo todo mi empeño en exprimir el juego;
me desangro cuando debería estar durmiendo.
Cuando el dado empuja,
nadie sale de sus casillas por
voluntad propia.
Cavo mi tumba o ella me cava a mí
cuando creo que juego solo.
Ya no descanso a no ser
que las sábanas lleven bordadas
mi nombre sobre dos fechas.
¿Qué parte de mí es realmente
nosotros?
Lo reconozco;
Tengo miedo de que la fecha de nacimiento
no coincida con el día exacto en el que te vi
Por primera vez
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