Ella sueña con visitar mi jauría.
Yo entreabro las puertas;
al fin y al cabo, todos buscamos luz.
Comienzan a sonar aleteos impertinentes.
Hay gritos. Poetas sin voz.
Lo que quedó es terreno recalificado.
Ella observa, ansiosa o con pausa, sueña con
alimentar a mis pájaros.
Mis pájaros que solo son ya pájaros ignorados.
Ella se empeñó el levantar un castillo,
empoderarnos de mariposas y humo,
fundar un reino.
Que no se ponga el sol.
Pero a pesar del neón,
de mi imperiosa necesidad de alienación,
a pesar del escudo de evasión donde duerme un
miedo recién nacido,
de mi esfuerzo por tejer los hilos que me enreden
a su cuerpo,
vuelven a casa mis pájaros cada noche;
puesto que tienen un plato,
saben que tienen un plato y un rincón.
Entonces ella se va,
no queda frontera que defender,
siempre caen los muros cuando vienen a invadirnos
los porqués.
No hay comentarios:
Publicar un comentario