El estilo que me supones
aquel que debe hablar en mi nombre
me encorseta y no me deja echar la siesta.
Mi voz no puede sonar al fondo de la discoteca.
Quiero conservar el ojo,
mi forma de ver el mundo la guardo para ti.
No soy una canción protesta
no me columpio en las líneas del pentagrama
solo termino en silencio
lo que prometo.
Camino bajo la niebla de otros poetas
y miro en el semáforo los cigarrillos de los que cruzan conmigo.
Yo soy otros poetas
y yo también escuché en la cuna aquella vieja canción.
No hablo de ti
solo diseño el concepto como una caja vacía
en la que meter mi vida
y quizás la tuya.
No me caben las fotos del salón
ni aquel libro de Cohen
mis ventas están a golpe de piedra
del niño de Chaplin
o de cualquier empresa de alarmas.
Hay distancias adecuadas.
¿Qué buscas aquí?
Lo que necesitas
quizás no lo tengo:
no soy el algoritmo,
ni el sacerdote de tu pueblo.
Mi estilo no tiene llaves de casa
no huele a los trapos de mi cocina.
No escribo en la renfe
ni tengo cuadernos de viajes
pero he cruzado el llano
en un asiento de preferencia ventana
y he bebido vino en puertos de Portugal.
Yo escribo en casa y desde casa
en las mañanas de resaca
con el cuaderno abierto
junto a un cenicero vacío
en guardia
en lo que el agua caliente
me moja las muñecas
justo antes
de lavar los platos.